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El Taller Mexicano de Gobelinos es una rareza en el país y probablemente en todo el continente porque son textiles elaborados bajo técnica europea, con características similares a la práctica del siglo XIII, con la más alta calificación estética. Nos dimos a la tarea de recobrar a los tejedores que habían trabajado con Fritz y así rescatar una técnica tapicera mexicana de más de 40 años. En el rescate de esta técnica hay una gran dosis de sentimentalismo, se trata, además, de una enseñanza y un aprendizaje cultural. También hay un valor intrínseco en asimilarla: la habilidad de trasladar una imagen a un soporte diferente.


La particularidad de esta técnica es que se pueden reproducir con mayor fidelidad y precisión –comparada con otras técnicas textiles artesanales- imágenes de todo tipo, desde fotografías hasta pinturas abstractas o acuarelas, y en formatos monumentales que solamente pueden compararse con pinturas murales.


Respecto a la concepción de un tapiz, Fritz Riedl explica. “Se acerca mucho a la idea de crear un cuadro, se hacen varios bocetos o dibujos sobre el tema que se quiere abordar. Más, a diferencia de la pintura, que acepta la posibilidad de ser modificada con otra capa de color, el textil es, una forma de arte definitiva, pues cuando se elabora no tiene marcha atrás o posibilidades de cambio en su aspecto  o en su concepto”.


El Taller Mexicano de Gobelinos se aparta de las técnicas usuales en los talleres internacionales, ya que su método consiste, no en teñir el estambre, sino en mezclar varios cabos de éste, una operación  que permite una incrementada vibración colorística que rompe la geometría propia del tapiz tradicional. Los tejedores del taller participan en la colaboración del producto. Ellos no sólo tiñen sus lanas en función de cada diseño: van eligiendo y mezclando  los estambres para interpretar la expresión final, lo cual les otorga mayor libertad y responsabilidad en el proceso de creación. Acostumbran asimismo mostrar un gran respeto por el diseño del artista, sus colores y proporciones, a fin de trasladar la pintura al tapiz sin defraudar la visión original de su autor.


El oficio de tejedor constituye un trabajo lento, laborioso, que requiere de infinita paciencia y perseverancia. Los tejedores comparten un mismo temperamento que combina el apego a su menester, cierto orgullo profesional, así como la imprescindible conciencia del peculiar objeto cuya creación tiene a su cargo: una obra de arte con valor comercial. 


Hace apenas veinticinco años, el arte textil era casi ignorado, o meramente relegado a la ambigua categoría de producto artesanal y su tradición estaba cayendo en desuso. Gracias a la iniciativa conjunta de artistas mexicanos y extranjeros y de artesanos locales, quienes al poner el lenguaje del diseño actual al servicio de nuestra espléndida técnica vernácula, y enraizar nuevamente la práctica artística del textil, el tapiz está cobrando trascendencia en el arte mexicano.


Se ha contado con el apoyo y trabajo de creadores como Gunther Gerszo, Juan Soriano, Mathias Goeritz, Francesco Clemente, Fernando de Zsyslo y Rufino Tamayo. Se han interpretado obras pictóricas comisionadas de artistas como Friedensreich Hundertwasser, Marc Chagal, Carlos Orozco Romero, Francisco Moreno Capdevila, y Francisco Icaza. También hemos trabajado con artistas tanto consolidados como emergentes, a nivel nacional como internacional.


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The history of Taller Mexicano de Gobelino's background dates back to 1968, when Fritz Reidl, Austrian born, Mexican based since 1957, and worldwide textile art’s precursor, arrived –among other places- to Guadalajara to train several generations of artists who could focus their artistic drive towards tapestry making. Being in Guadalajara, Riedl went out to find people with experience in the textile trade, an enterprise that proved to be not so simple, however, as he had assumed: Young apprentices lacked the proper training and those who had the right amount of expertise were employed at the factories and cultivated certain reluctance towards the independent textile making as an autonomous artistic creation.


El Taller Mexicano de Gobelinos its quite a rarity in the country and probably all around the continent, since the tapestries are manufactured with an European technique, with similar characteristics to XIII century’s practice, with the highest aesthetic grade. We set out to retrieve the weavers who had worked with Fritz and so to rescue an over 40 year old Mexican tapestry technique. The rescue of this technique is filled with a great deal of sentimental value, it is also a cultural education and apprenticeship. There’s also intrinsic value in assimilating it: the ability to move an image to a different medium.


The particularity of this technique is that you can reproduce with great fidelity and accuracy -compared with other textile handcraft techniques- images of all kinds, from photographs to abstract paintings or watercolors, in monumental formats that can only be compared with murals.


Regarding the design of a tapestry, Fritz Riedl explains. "It is very close to the idea of creating a painting, several sketches or drawings are made about the topic you want to approach. Plus, unlike painting, which accepts the possibility of being modified with another layer of color, the fabric is, a definitive art form, once you start there’s no turning back or possibilities of change in their appearance or in concept ".


El Taller Mexicano de Gobelinos sets itself apart from the techniques commonly used in international workshops, as its method is, not to dye the yarn, but mix several ropes of it, an operation that allows an increasing coloristic vibration that breaks the geometry owned by traditional tapestries. The workshop weavers are involved in the collaboration of the product. They not only dye their wool in terms of each design: they also choose and mix the stamens to interpret the final expression, which gives them greater freedom and responsibility in the creation process. They usually also show great respect for the artist's design, colors and proportions, in order to transfer the paint to the tapestry without betraying the original vision of its author.


The weaver's craft is slow, and painstaking, requiring infinite patience and perseverance. The weavers share a single temperament that combines attachment to their craft, a certain professional pride as well as the essential awareness of the unique object whose creation they are responsible for: a work of art with commercial value.


Barely twenty five years ago, textile art was almost ignored, or merely relegated to the ambiguous category of handcrafted product and its tradition was dying out. It is thanks to the joint initiative of Mexican and foreign artists and local craftsmen, who by putting the current design language to the service of our splendid vernacular art technique, and rooting again the artistic practice into the textile trade, that have made the tapestry gain importance in Mexican art.


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